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A la princesa Trenza de Fresa no le gusta que sus papás no la dejen ir al parque a correr, correr y correr, hasta que sus zapatos se quejen de tanto trota que te trotaré. A la princesa Trenza de Fresa no le gusta tener la casa llena y vacía: tantos juguetes, pero nadie con quien jugar. A la princesa Trenza de Fresa le encanta soñar con la idea de que un día, bien tempranito, recién desperezado el sol, se asomará por la ventana de su almena y su jardín será un hermoso patio de escuela.

Con sus gritos, su algarabía, su olor a pan con chocolate, sus canciones saltar a la comba y desenredar goma. Sueña que al abrir los cortinones de su balcón, mil mariposas le peinarán la melena. Coletas, pasadores, recogidos y diademas de gatita, ¡que no le falte detalle a la princesita!

A la princesa Trenza de Fresa nada le gustaría más que tener a quien dar los buenos días, contarle lo poco que le gusta la lechuga o las lentejas y no olvidarse de compartir sus progresos como sirena, que ahí donde la veis, ya no usaba manguitos, qué traviesa. Porque la princesa Trenza de Fresa tiene de todo y todo tiene, menos lo único que quiere: un abrazo bonito en el que dormir la siesta a pierna suelta, sabiendo que nunca más estará sola, sola, solita, porque por fin tiene una amiguita.

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