Tolerancia

En el País de las Pompas, nadie llora, porque nada más entrar por la puerta, un gigante de caramelo te regala una ilusión dentro de un pompero. Tanto da, como tanto tiene, cómo sean sus pequeños inquilinos: aaaaltos como montañas altas, bajiiiitos como elfos o duendecitos, los delgaaaaados como una hebra de hilo, como los redondiiiiitos como un Donut y su agujerito.


En el País de las Pompas, los niños vuelan y cantan y ríen y bailan, sin mirar si son verdes sus pies, azules sus sonrisas o púrpura sus ganas de hacer diabluras, ay qué ver, cuánta ternura. A ellos, que corren tras la pompas con la risa por delante, ja, je, ji, jo, ju, lo mismo les da como les da lo mismo, que la mano que pide el deseo cuando la pompa explota, sea la suya o la del compañerito, porque cuando el amor es la moneda de cambio, no hay más frontera que el quédate aquí conmigo, ¡estoy tan a gustito…!

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